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Frente al desafío del cambio

Written by Elías Ventura Villatoro | 12 de septiembre de 2025 11:00:00 PM Z

 

El mundo es un fenómeno que no deja de cambiar. Cambian las formas del entorno, cambian las ideas del momento, cambian las personas a nuestro alrededor, cambian los ambientes conocidos.

Durante la mayor parte de nuestras vidas, pasamos el tiempo descubriendo, comprendiendo y descifrando patrones implícitos en las cosas que nos rodean (el movimiento de las estrellas, las estaciones climáticas, las risas de nuestros amigos, el acontecer de nuestros propios sueños), procurando notar los detalles más pequeños que nos permitan predecir, en mayor o menor medida, su comportamiento cotidiano.

Así, de manera inconsciente, construimos armaduras simbólicas para el futuro, reforzándolas con argumentos como “las cosas siempre han sido así”, “siempre se ha hecho de esta manera”, “vos no sos así”, entre otras, dónde nuestros prejuicios nos inhabilitan la capacidad de pensar y descubrir distintas perspectivas o verdades.

Esta búsqueda de patrones que pretende modelar la realidad de manera absoluta termina generando una resistencia interna hacia los cambios imparables del tiempo. Por lo tanto, si el cambio es una constante del todo, es lógico preguntarse: ¿De qué manera debe actuarse frente al cambio?

Como punto de partida no está de más volver a las bases y plantear las preguntas más obvias. Para empezar, resulta relevante hacernos la pregunta: ¿qué es actuar?

Actuar, como ejercicio de la voluntad humana, implica la manifestación en el mundo material de una decisión premeditada (pues toda acción humana es precedida por una idea, sea cual sea la profundidad de ésta), unida a una “intención de resultado” (pues sólo se actúa sobre aquello a lo que se pretende influir).

Por ende, para comprender completamente la naturaleza del cómo actuar se debe estudiar la naturaleza del decidir. ¿Cómo pueden tomarse decisiones correctas que impulsen acciones correctas? Las bases previamente descritas acerca de la esencia del actuar pueden guiar a un posible proceso de pensamiento con el cual responder a esto.

Si toda acción está determinada por la “intención de resultados” y la decisión (o determinación) de cambio a la realidad, puede decirse que el propósito final de toda acción está enfocado en el mundo material (es decir, el mundo en el que nuestras acciones se ven plasmadas). Así, la naturaleza máxima de una acción se manifiesta cuando ésta ha cumplido su propósito de cambio.

Por consiguiente, dado que las acciones repercuten en una respuesta de los objetos que nos rodean, para que éstas logren alcanzar su objetivo deben tener como origen una idea que esté respaldada por los patrones y características de la realidad palpable, de tal manera que la manipulación de lo conocido lleve a la manifestación de lo premeditado.

He aquí la respuesta a la pregunta original. Frente al cambio, debe actuarse bajo el manto del conocimiento completo e información adecuada (o algún equivalente) para que las acciones alcancen la eficacia pretendida sobre un mundo en eterno cambio.

La mayor cantidad de información y conocimiento posibles deben regir las fuerzas internas (propósitos) con las cuales motivamos nuestras acciones, de tal modo que lo trazado en el mundo de nuestras ideas sea capaz de transformarse en resultados exitosos en el mundo de nuestras acciones.

En suma, la obtención de datos, información y conocimiento acerca del mundo que nos rodea es esencial para la ejecución de cualquier acción que nos propongamos. Aun cuando los patrones del exterior nos lleven en ocasiones a cristalizar ideas pasadas (es decir, a mantenerlas estáticas), la renovación de los detalles del presente nos permitirá lograr lo que deseemos. A todo “hacer” debe corresponderle siempre un “saber” que lo lleve a manifestar sus máximas capacidades.